Issue#1

El llamado de la tierra

Entre tanto diseño de productos y creación de gráficas, siempre es bueno salir a darse una vuelta y visitar a los amigos del sur para cambiar de aire y correr otras olas. …

Entre tanto diseño de productos y creación de gráficas, siempre es bueno salir a darse una vuelta y visitar a los amigos del sur para cambiar de aire y correr otras olas.

Si bien la creatividad y fluidez de nuestro equipo se ve afectada por falta de buenas olas y/o momentos gratificantes en la naturaleza, también se beneficia cuando estos llegan y se comienza a pensar en nuevas ideas.

Esta época del año nos encanta por eso.

Era bueno meterse al sobre temprano ya que sabíamos que la mañana siguiente se prometían excelentes condiciones para el mar.

Cuando la inspiración vuela por el aire con tantos colores, flores e insectos aprovechando el néctar de cada rincón sureño. Siempre es bueno salir en dirección al sur en esta época. El calor ya se puede sentir en la costa y si calzan buenas olas la ganancia se asegura.

 

Partimos bien temprano desde nuestro estudio creativo y fuimos recorriendo la costa para atravesar regiones y aventurarnos hacia el sur. Después de varias horas de viaje ya podíamos observar el bosque nativo asomándose por el camino, una señal de que nos estábamos acercando a nuestro destino. Una vez instalados logramos subir el cerro para ver el sol esconderse y disfrutar las últimas horas del día junto a robles milenarios y buenos temas sonando. Era bueno meterse al sobre temprano ya que sabíamos que la mañana siguiente se prometían excelentes condiciones para el mar.

Nada mejor que empezar un día así, sobre todo si después volvíamos al cerro en busca de senderos en medio de bosque nativo, para llegar a la cima del valle donde existen unos miradores sobre pinos que agradecemos se hayan colado de las forestales.

Nos despertamos con los gallos a cargar el auto para aprovechar la luz de la mañana e ir directo al mar a ver cómo estaba. 

Ya desde lejos nos dimos cuenta que las condiciones eran buenas y que se venía una buena sesión. La felicidad aumentaba y en poco rato mirando las olas ya estábamos cambiándonos para entrar. De Heeckeren armó su equipo para entrar a sacar fotos al agua y nos metimos a disfrutar una de esas mañanas clásicas en las costas del sur. Puro goce hasta que los brazos no daban más.

Nada mejor que empezar un día así, sobre todo si después volvíamos al cerro en busca de senderos en medio de bosque nativo, para llegar a la cima del valle donde existen unos miradores sobre pinos que agradecemos se hayan colado de las forestales. El día ya iba perfecto, así que nos intrigaba saber qué sorpresas nos tenía guardadas.

Una buena carga de energía después de toda la mañana en el mar siempre es bienvenida.

El Flaco nos dijo que habían nuevos senderos que estaban trabajando y partimos la caminata para seguir cargando las energías con esta primavera imponente.

El cerro estaba lleno de colores, los arboles altos y tupidos dejaban caminar sin tanto calor y poder avanzar hacia arriba. En el camino fuimos reconociendo distintas variedades de arboles nativos como arrayanes, peumos, corontillos, litre, maqui y muchos más.

Un bosque vivo, lleno de vegetación y arroyos donde el agua –aunque baja en esta época– siempre mira en dirección al verde valle. Épico.

Subimos a distintos miradores, columpios y plataformas que encontramos, la vista no podía estar mejor. Pura inspiración, solo agradecer que todavía exista lugares como estos, autóctonos.

Después de subir y descansar un rato, unas cervecitas como premio y nos damos cuenta que el viento esta suave y que podría haber una segunda sesión de última hora en el mar, así que bajamos por nuevas rutas y fuimos en dirección al auto para ir a mirar las olas.

Con un día tan bueno ya no hacía sentido encerrase de nuevo en casa. Había que aprovecharlo hasta ultima hora.

 

Cuando llegamos al mar ahí estaba, ofreciendo líneas limpias esperando ser dibujadas. ¡Qué mejor! Al agua y sacar esos últimos empujes de energía para cerrar el día con broche de oro.

Los colores de esta hora son siempre especiales. El atardecer es uno de esos momentos del día que la luz es mágica y puede llevar una experiencia al siguiente nivel. No importa lo cansado, estar en el mar a esa hora siempre es bueno.

Ya hechos papas después de un día muy movido volvimos a la casa oscuro, listos para comer algo y apagar tele. Después de días así, siempre queda energía, uno queda prendido después de tanta inspiración. Nos quedamos echando la talla con unas cervecitas y paso el rato hasta que ya no dimos más.

Cerramos el día y viaje exprés felices y cansados pero cargados de energías positivas que muchas veces se transformar en pura creatividad. Objetivo cumplido. Ahora a descansar para mañana volver a la casa tranquilos y con buenos recuerdos.

En cada viaje la música acompaña y lleva a buenas conversaciones, después de escuchar un par de playlists nos fuimos en la volá’ pensando y hablando de lo importante que es cuidar estos lugar donde la naturaleza es imponente, respetarlos y hacer cosas que no sean invasivas para permitir su continuo ciclo y desarrollo orgánico que lleva. Cada pieza en el puzzle es clave y cuando perdemos algunas el puzzle nunca vuelve a ser el mismo.

Querida primavera gracias por mostrarnos el lado dulce de la vida. Pura inspiración.

Créditos

Recorrido fotográfico

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